lunes, 19 de mayo de 2014

Umarete wa Mita Keredo (1932) He nacido, pero...(y sin embargo hemos nacido)

Dirección:  Yasujiro Ozu

Guión: Akira Fushimi, Geibei Ibushiya

Nacionalidad: Japón

Reparto:  Tatsuo Saito, Mitsuko Yoshikawa, Hideo Sugawara, Takeshi Sakamoto, Teruyo Hayami, Seiichi Kato, Chishu Ryu

Sinopsis: La familia Yoshii se traslada a vivir a un suburbio de Tokio para que el padre esté más cerca de su trabajo. Los dos hijos deben adaptarse a la nueva escuela, pero se encuentran con la hostilidad de un grupo de chicos entre los que está Taro, el hijo del señor Iwasaki, jefe de su padre. Reacios a ir a la escuela, consiguen vencer en una pelea a la banda enemiga con la ayuda de un vendedor de licores. Al final se hacen amigos de Taro, y éste les enseña un vídeo en que su padre hace payasadas para complacer a su jefe, el padre de Taro. Los niños se enfadan con su padre y emprenden una original huelga infantil. (FILMAFFINITY)








Yasujiro Ozu (1903 – 1963), en su juventud, fue un estudiante no muy modélico que luego vivió como profesor de pueblo, gastando su dinero en sake, lo cual lo endeudó ganándose el desprecio de su familia. También aprovechaba su tiempo libre para ir al cine de ciudades más grandes, donde pudo ver películas de Chaplin, del cual reconoció sentirse muy influenciado.





He nacido, pero…(y sin embargo hemos nacido) en una de sus más importantes películas de su periodo mudo (aun siendo una película de 1932, el sonoro tardó en llegar al continente asiático). La película original carece de banda sonora propia, lo cual se debe a la costumbre japonesa de contar con un bushido en las diferentes salas donde se proyectaba una película. Este personaje se dedicaba a narrar y leer los intertítulos, así como a improvisar algún que otro diálogo de la obra.




Influenciado como hemos dicho por Chaplin, ofrece un retrato en tinte cómico al más puro estilo slapstick (que realmente de cómico no tiene nada salvo la comicidad de la vida innata en todos nosotros) de unos personajes que irradian ternura en parte debido al acierto del casting así como también por la espléndida dirección de actores. La fotografía está cuidadamente equilibrada, como en el resto de su obra salvo que aquí, podemos disfrutar de una cámara en movimiento mucho más activa que en su posterior filmografía. 




La filmación en exteriores, situando la acción en los suburbios de Tokio y cayendo el peso de la película en dos niños y en la familia nos presenta una especie de prefacio de un semineorrealismo italiano trece años antes de que Rossellini presentara la primera película de este movimiento. 




Son destacables escenas como las de los primeros enfrentamientos entre los niños, bebiendo casi del cine de gángsters y del western, también el descubrimiento de los dos hermanos de la desigualdad social y su posterior rebelión, que guarda muchas similitudes con la de Buenos días, una película que Ozu realizaría casi 30 años después, lo cual demuestra la reiteración temática en el cine del director nipón. Otra escena memorable es la de los niños asombrados ante la magia del cinematógrafo, donde el propio Ozu nos rebela su forma de gozar ante tal invento (como un niño).


Luis Suñer
 

 
 
 

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